Se puede llevar vino en el avión desde Lanzarote
La botella no pasa el control de cabina. Vuela en la maleta facturada, donde no le aplica el tope de los licores, y hasta 4 litros vuelven sin impuestos a Península y Baleares.
Una botella de vino es, para el control de seguridad, un líquido más. Esa palabra ordena el vuelo entero, porque el vino no vuela con una sola norma sino con tres: la de los líquidos de cabina, la de las mercancías peligrosas y la de la aduana. La primera es la que lo deja fuera del asiento. Las otras dos son más generosas de lo que la gente se teme, y ahí se juega el plan de traerse vino de la isla.
En cabina, la regla de los 100 ml
Los líquidos que suben a cabina van en envases de 100 ml como máximo, dentro de una sola bolsa de plástico transparente y cerrable de 1 litro, que se presenta separada en el control. Así lo fijan AENA y AESA, y no es una regla de aerolínea: es la norma europea. La bolsa no da para una botella de 75 cl. En cabina, no.
La excepción es la del duty free. Lo comprado en el aeropuerto o a bordo sube a cabina dentro de su bolsa sellada con borde rojo, con el recibo dentro, y no se abre hasta el destino. Se compra después del control, ya pasó el filtro, y por eso vuela precintado. En vuelos con conexión, la bolsa precintada puede ser inspeccionada en la escala.
La norma europea sigue siendo la de 100 ml. Algunos aeropuertos españoles ya tienen escáneres nuevos que la relajan, pero el despliegue avanza desigual: lo que pasa en un terminal no dice nada de Lanzarote. Lo que cuente lo dicen AENA o la aerolínea, y se comprueba el día de la salida.
En la maleta facturada, sin el límite de los licores
En la maleta facturada el vino cambia de reglas. Las restricciones de líquidos no le afectan, dice AENA, y en el reglamento de mercancías peligrosas de IATA, que gobierna lo que viaja en la bodega del avión, sale con mejor trato que los licores: entra en la categoría de las bebidas alcohólicas de menos del 24 % de alcohol, y por tanto fuera del límite de 5 litros que se pone a los licores de 24 a 70 %.
El límite real es el peso que permita la tarifa de equipaje de la aerolínea. Y el peso cuenta: seis botellas son unos cinco kilos.
La botella pide además su sitio: envuelta, en el centro, entre ropa. No hay pauta oficial de embalaje, así que aquí no manda un reglamento sino la lógica del equipaje: el centro, donde el golpe tiene que atravesar la ropa para llegar. Si la maleta se queda corta, el recargo por facturar una extra varía por aerolínea y tarifa, y se mira al reservar.
En la aduana, 4 litros sin impuestos
El aeropuerto no es el final del asunto. De vuelta a la Península o a Baleares, la franquicia de viajero de la Agencia Tributaria deja pasar sin pagar impuestos 4 litros de vino tranquilo por persona, que son cinco botellas de 75 cl. Hacia otros destinos, y para lo que excede la franquicia, la cuenta cambia de capítulo, y ese capítulo tiene página propia en la guía: cuánto vino se puede traer de Canarias.
La cuenta, de un vistazo
| Dónde | Cuánto vino |
|---|---|
| Cabina | Nada por encima de 100 ml. Una botella no entra |
| Maleta facturada | Lo que aguante el peso de tu tarifa |
| Sin pagar impuestos | 4 litros por persona |
Si la botella es el recuerdo
El trámite deja el plan claro. La botella del recuerdo vuela facturada, con el peso contado antes de salir de casa. La que se quiera beber durante el viaje solo puede subir desde el duty free, precintada, aunque en una escala la bolsa puede acabar abierta. Al final, los topes que importan no están en el aeropuerto de Lanzarote: están en la tarifa de equipaje que hayas comprado y en la franquicia de tu llegada, dos líneas que se miran antes de llenar la caja en la bodega.
* Recomendamos consultar las condiciones exactas de cada oferta con el proveedor.